MIS POEMAS...

EN BLANCO

 

Entre los mil párrafos

Aún sin escribir.

 

Se prevé

La transparencia

Del universo de la hoja,

En tus ojos predestinados

A la tierra prometida

De la palabra.

 

El papel en blanco

Gesta en espera,

Los silencios

De mi alma

De poeta en vela.

 

SOMETIMIENTO

 

Heme aquí

Cual guerrero

Avasallado por tus labios

 

Conquistador,

Conquistado.

 

Colonizado

Y subyugado

 

Por la tierra de promisión

Circunscripta en tu boca.

 

 

PANAL

 

Cual enjambre

De abejas,

Revolotean tus besos

Cuando los hurgo

En el panal de tu boca.

 

Destilación de miel

 

Apicultor de sueños…

En noches de insomnio

Tu tiempo la evoca.

 

INVENCION

 

Te invente

Un universo de palabras

 

Para que tu nombre

Emancipado de el viento

 

Vuele cual gaviota,

Entre la hoja y mi tiempo

 

 PECADO ORIGINAL

 

Tus labios

Son el árbol del conocimiento

Del paradisíaco

Fruto maduro

Del bien y del mal

 

Del bien

Por el beso

Perfecto en tu boca

 

Del mal

Por el hombre

Perdido en tu boca.

 


SOMETIMIENTO

 

Yo sometí

Las palabras

 

Al destino intangible

De tus labios

 

Al camino límbico

Señalado por tu piel

 

Al misterio

Del paraíso perdido

En el clepsidra

En tus ojos.


 

PAPILLON

 

Atrapadas

Tus alas

En la crisálida

De mi amor

 

Rompes el capullo

Para echar a volar

Al paraíso prodigo

De las mariposas inconclusas

 

 IMPOSIBILIDAD

 

Atrapar

Tu mirada

En uno de mis poemas

 

Es como querer coger

Una estrella fugaz

Por la cola.

 

Es más fácil

Pretender

Que la luna y la mar

Se conjuguen en una sola

 

 

 

 

 

                      

 

 

 

 

POEMAS DE RAFAEL POMBO

Vicio divino, que a groseros vicios
Me hiciste despreciar,
Y las mil vanidades y artificios
Del tráfico vulgar;
Sacro elixir que al corazón y al alma
Das juventud sin fin,
Y entre abrojos y fango, etérea calma
Y alas de serafín,
Con que volver al aire primitivo,
Al gusto primicial
Y juicio puro, y al entero activo
Ser todo personal.
Libre del yugo de años mil, y de hombres,
Y de hábito y refrán,
Para llamar las cosas por sus nombres
Otra vez, como Adán;
señalar el cauce del derecho,
Y por sobre el saber
Y modo y ley del hombre, siempre estrecho,
Los del Supremo Ser.
Y así del mar ir a su fuente arcana
Y del acto al motor
Y adelantándose a la marcha humana
Servir de gastador.
O revolar por cuantas cosas bellas
Hizo Dios con querer
Y el alma ufana regalando en ellas
Vivir, sentir, creer.
Genio de amor inagotable, ardiente,
Eterno, universal,
Que a pasado y futuro haces presente,
Y real a lo ideal;
Y a un hombre solo, humanidad entera,
Con cuyo corazón
Toda ella lucha, y cree, ama, y espera,
Y llora su aflicción:
Siempre, ¡oh poesía! te adoré en privado
Como a dios familiar.
Nunca a exponerte me atreví al mercado,
Ni profané tu altar.
Tu néctar mismo, la embriaguez del canto
Fue mi rico laurel,
Y el tierno abrazo, la sonrisa, el llanto
Que arrebaté con él.
Y una, y ciento, y mil veces te bendigo
Por más de un dulce sí,
Y más de un noble corazón amigo
Conquistados por ti,
Ese es mi oro, el único, tú sabes,
A que tengo afición,
Yo que no sueño en poseer más llaves
Que las del corazón.